A ver, ¡atentos al pajarito! Por si la primera no salió bien…
Y la ganadora por su puesta en escena es…
A ver, ¡atentos al pajarito! Por si la primera no salió bien…
Y la ganadora por su puesta en escena es…
Es lo que se suele decir para salir bien el la foto. En éstas, ni con la ayuda del tubérculo podrían salir peor. Pa-ma-tar-los.
Y la ganadora es…
La sensación de felicidad que nos embriaga cuando por fin nos llega el calorcito, no tiene punto de comparación con ninguna otra cosa.
Es evidente que desde que el mundo es mundo, el Verano, así en mayúsculas, es un bien del que aquí disfrutamos y no sabemos valorar.
No sabemos valorar la brisa, hasta que sopla quemándonos el cogote.

no pude evitarlo...
No sabemos valorar la playa, hasta que se satura de sobrillas, toallas, pareos, niños pringosos de protector solar 200, africanos vendiendo gafas, chinos dando masajes y moros vendiendo refrescos.
No sabemos valorar a los amiguetes, hasta que llegan a casa una tarde y se “jincan” las Cruzcampos que nos quedaban de nuestra ultima compra en el carrefú.
No sabemos valorar nuestros PC (Putos Cacharros) hasta que el calor r a l e n t i z a e r g ü i n d o hasta convertir en una tortura arrancar el Messenger pa ver los correos.
No sabemos valorar nuestra estratégica situación geográfica hasta que un domingo se nos ocurre ir al centro comercial mas cercano a ver con los niños la ultimísima de dibujos, y perdemos 4 horas en cola entre la taquilla y el burguer quin, y encima nos tragamos un tostonazo de dibujitos que es una grandísima mierda, y por el que hemos pagado 6 euros por cabeza más los consabidos 18 euros entre palomitas, agua, coca cola zero (que si no lo demás engorda) y chucherías. Estas últimas, pagadas además, a precio de entrecot.
No sabemos valorar a nuestro coche hasta que volviendo del susodicho centro comercial, o bien yendo a la playa el domingo por la mañana, de repente se convierte en un dragón que escupe humos del “pedaso” de calenton que ha cogido mientras intentamos encontrar un sitio en el que aparcarlo.
Y por ultimo, tampoco sabemos valora nuestro tiempo hasta que con el calor este tan estupendo e infravalorado que tenemos, los niños convierten una noche cualquiera, de esas en las que sabes que tienes que dormir para poder levantarte a las 5 de la mañana para ir al curre, en una maratón palillera.
-Papá agua.
-Papá pipí.
-Papá agua para mí también.
-Yo quiero pipí papá.
-Papá el pasillo está oscuro, tráeme agua.
-Papá hazme un sitio en la cama grande.
-Papá, el hermanito ha bebido agua, yo también quiero.
-Y pipí que con el agua me han entrado ganas.
-Papá no puedo dormir con tanta agua…
Ni yo, con “tós ustedes” dando el porculo que dais cojones, callaros ya y dejadme dormir.
BBBBBBBBBSSSSSSSSSSS
BBBBBBBBBSSSSSSSSSSS
BBBBBBBBBSSSSSSSSSSS.
-Pero chiquillo, ¿no oyes el reloj? levántate ya que vas a llegar tarde, que está sonando hace una hora.
-Pues claro que suena hace una hora, esa hora es la única en la que he podido cerrar los ojos en toda la noche, o mejor la micronoche porque entre el calor y lo corta que ha sido…
En fin, que el calor lo tenemos infravalorado, y debe ser porque lo sufrimos en vez de tener que ir a verlo como hacen otros.
Por cierto, no creáis que me olvidé de los mosquitos. Los dejo para otra ocasión que merecen folio aparte.
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