Pasados unos días de mi cumpleaños, estoy percibiendo las primeras consecuencias de la famosa crisis de los cuarenta. No sé si las coincidencias existen o se buscan, pero esta semana ha sido extraña.
Todo empezó el martes, a media mañana, cuando la naturaleza me llama y es que, como dice el frutero de mi barrio “niñas tengo kiwis baratos, pá cagá”; mientras existan los kiwis aquellos días de estreñimientos crónicos pasarán a la historia.
Sigo…, a esa hora, mis 15 minutos mínimos en el baño no me los quita nadie, en ese momento mi jefa no está y ella es la única que puede sufrir por mi escaqueo, y como dice mi madre “ La ausencia absoluta de percepción visual torna insensible al órgano cardiaco” o lo que es lo mismo “ojos que no ven, corazón que no siente”. Bueno, cogí un periódico gratuito que dejan todas las mañanas, porque la verdad, estoy cansado de fijar mi mirada en la parte trasera de la puerta del w.c y leer siempre lo mismo. “Los Cinco principios de la vida” escritos por algún graciosillo, y son los siguientes:
1º.- Si un día la vida le da la espalda… ¡tóquele el culo!
2º.- Lo duro no es aguantar el peso de los cuernos, ¡sino mantener a la vaca!
3º.- El sexo es como jugar al mus, si usted no tiene un buen compañero, ¡es mejor tener una buena mano!
4º.- Si un día usted siente un gran vacío, ¡coma, es hambre!
5º.- ¿Qué semejanza hay entre una mujer embarazada, una tarta quemada y una cerveza congelada? Que si la hubiese sacado antes ¡jamás habría ocurrido!
Al pasar la primera página me encuentro el siguiente titular : “La crisis de los 40 en los hombres” y de forma resumida ponía los síntomas que se manifiestan: necesidad de sentirse jóvenes, búsqueda de experiencias nuevas, rupturas matrimoniales, búsqueda de nuevos estímulos como hacer rafting, salir de discotecas, volver a gustar a las chicas, emborracharse, no tener responsabilidades, ni cargas familiares, es decir, sentirse como cuando tenían 20 años. Una especie de congojo recorrió mi cuerpo… acabando en una señora cagada que, más que aliviarme, hizo que me viera reflejado en ella. ¡Qué dramático! Pero lo mejor estaba por llegar, cuando quise poner fin a esa lamentable situación, me topé con el colmo de los colmos, el papel higiénico se había terminado; así que, acabé limpiándome el culo con la crisis de los cuarenta, y es que donde se ponga un papel higiénico no llega un periódico, aunque éste puede ganar en suavidad el higiénico es muy superior en arrastre y maleabilidad.
Hoy estoy bastante cansado, ha sido un día duro, más duro que los cuernos de una persona mayor, así que mañana seguiré escribiendo más, porque esta semana tiene mucho que escribir, como dice mi vecina ¡munchísimo!





