En estos dÃas se ha hecho pública la noticia de que el mejor corredor español en la disciplina de 3.000 metros obstáculos es Luis Miguel MartÃn Berlanas. Yo he tenido la suerte de conocerle y es un tÃo genial, además de un fantástico atleta.
Pensando en su disciplina, se me vienen a la mente los obstáculos, esos que dÃa tras dÃa tenemos que superar las personas para ir de un lugar a otro. Pero no me refiero a desplazarnos en coche, sino a pie. Si ya tenemos problemas nosotros, hay que imaginar la cantidad de inconvenientes que tienen las personas que movilidad reducida.

venga te vamos a ayudar con un empujoncito...
A estas personas mucha gente les llama minusválidos, otros discapacitados, otros … bueno, cada uno le llama como le viene en gana, no voy yo ahora a hacer apologÃa del respeto, la tolerancia y la solidaridad. Yo, para ahorrar palabras y no repetir tanto eso de personas con movilidad reducida, les llamaré inútiles. Y punto. Lo haré asà porque las administraciones pensarán que lo son, pues les importa un carajo. Y punto.
Yo, como trabajo para el gobierno, me uno a la cruzada. Si no me equivoco, (y no lo buscaré para economizar energÃas) en esta magnÃfico paÃs, desde hace unos 17-18 años se han venido promulgando leyes, decretos, reales decreto y normativas para tratar de que en las nuevas construcciones y en las nuevas infraestructuras dejen de existir las llamadas barreras arquitectónicas. Me parece perfecto, genial, megaguay, asà debe ser siempre. Ahora bien, si eres una administración pública (como, un poné, en la que yo trabajo) y pones mil y una trabas para que los nuevos locales, las nuevas construcciones, no tengan barreras arquitectónicas que les haga la vida a los inútiles un poco más llevadera, qué menos que tú, como garante de la solidaridad, de las buenas intenciones, de modelo a seguir, des ejemplo y no pongas más obstáculos y complicaciones, que ya tienen bastante los pobres con ser inútiles.
Si vas a unas oficinas municipales y tienes escaleras que ascender como única posibilidad. Si quieres leer (a pesar de ser inútiles, algunos de ellos hasta leen) en una biblioteca sufragada con los impuestos que tú también pagas (sÃ, sÃ, los inútiles también pagan impuestos). Si quieres ir a ver a algún jefecillo que está enclaustrado en un rincón con dieciocho millones de escaleras y no puedes porque el ascensor no da más de sà y se queda en la planta superior. Si quieres ver un monumento con unas miniaturas de cojones (expresión que viene a significar que merecen la pena) pero no puedes porque hay más escaleras que para llegar a la cumbre de la Pirámide del Sol (en Teotihuacan – México). ¿Qué haces? ¿Resignarte? ¿Cagarte en la madrequeparióamásdeunoydeuna? No, hombre, no. Bueno, no a medias, pues cagarte en la madrequeparióamásdeunoydeuna sà puedes y debes hacerlo.
Luego, por cualquier soplapollez todo el mundo pone el grito en el cielo, pero si eres un inútil y no hay ascensor para llegar al cielo, ¿dónde carajo pones el grito? ¿En la taza del váter? Por ejemplo, sÃ, pero si no puedes entrar porque no cabes por la puerta, que es más estrecha que la mente de nuestros gobernantes…
Ahora me voy, que tengo que subir al cielo
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