Si hay algo que odio en el mundo por lo terriblemente patético que resulta, son las concentraciones moteras a las que sólo acuden motoristas de más de 30 años.
A ver, cada cosa en esta vida tiene su tiempo: el botellón, fumar porros, creerse moderno, escribir chorradas horteras existencialistas, quemar indigentes… y entre todas ellas destaca hacer el gilipollas sobre una moto. Y es esa última actividad, la de hacer el subnormalito encima de dos ruedas, una de las pocas que no se puede dejar para la senectud, básicamente porque cuando eres más viejo que el respirar, los reflejos se te quedan atrofiados y lo más rápido que eres capaz de hacer, si te encuentras a un pobre peatón en medio del camino, es mearte encima, porque la próstata ya no es lo que era y la vista menos.
Asà que si eres uno de esos moteros viejunos que suele decir cosas como que “la juventud está en el espÃritu†que “hay jóvenes que en realidad son viejos, y viejos que en verdad son jóvenes†o que “los años no pesan†o que “ahora somos más sabiosâ€; si eres una de esas viejas pellejosas que se ponen ropa de cuero y se quedan dormidas con la Tena Lady pegada al potorro mientras van de paquete a Cuenca con su marido, que además de mayor es impotente; si eres de esos viejos burgueses de mierda que tienen una empresa pero que los fines de semana se creen unos “quema llantasâ€, libres como el viento o como Nino Bravo, un radical, un espÃritu salvaje, pero que cuando llega el lunes ya tienen la corbata puesta a las seis de la mañana; si eres alguien asÃ, por la seguridad de todos, por la de tus bisnietos, por la tranquilidad de la gente que pasea por la calle o va tranquilamente con su coche por la autovÃa… por todos ellos, por todos nosotros…
…meteros la motito de los cojones por el culo y haced ganchillo o jugad a la petanca, coño.

Si te ha gustado esta entrada, seguro que te gustará



