Desde yo que sé cuándo, ni me importa un carajo, el tres de diciembre se ha convertido en el dÃa internacional del Discapacitado, ¡toma ya! Me preocupa que no concreten. Es decir, dÃa de los menos capaces ¿de qué?. Uséase, ¿discapacitado para cantar como yo? Entonces, ¿también fue el dÃa de JesulÃn de Ubrique? ¿Discapacitado para meter goles como yo en un partido de fútbol? ¿Es acaso, el fichaje ese tan caro del Real Madrid, discapacitado cuando entra en racha de no meter más que dinero en sus bolsillos?
Seamos serios y dejémonos de gilipolleces. No quiero tener un dÃa que me recuerde que estoy discriminado. Tener que recurrir a un dÃa del año, como esos homosexuales con su dÃa del orgullo, o esas féminas con su dÃa de la mujer trabajadora, para recordar al resto que hay que ser más solidarios, porque se nos olvida los 364 dÃas restantes o 365 si es bisiesto.
Yo me autocalifico de inútil, me gusta más como suena. Inútil para muchas cosas, como todos. Pero igualmente útil para otras tantas, como todos también. Nadie es perfecto, ni quiero serlo.
Si vamos a utilizar esta moda de sacar el dÃa de la gilipollez para ponernos medallitas y demostrar lo solidarios que somos todos, en ese dÃa, mejor, virgencita, déjame como estoy.
Hagamos el año del discapacitado, el decenio, el siglo del discapacitado, del orgullo gay, de la mujer trabajadora, del sida, del cagontoloquesemenea, y que podamos sentirnos orgullosos de tratar a todos por igual y que no tengamos que señalar a quién hay que ayudar en su diferencia con el resto por esa falta de solidaridad.
Definitivamente, dicen que fue mi dÃa, pero sin mi permiso.
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